VIRTUD SIN ORDEN, RARA VIRTUD

Cuántas veces se repite la palabra “orden”, en los hogares, en las escuelas cuando nos dirigimos a los hijos o a los alumnos. Con los adultos podemos hacerlo también, pero es difícil cambiarlos o sembrar una virtud en ellos. Ya ven el desorden generalizado por ejemplo en el tránsito. Los conductores, principalmente  taxistas y micro buseros hacen hoy en día lo que les da la gana al manejar; ellos no tienen el mínimo concepto del orden. Revisando y ordenando precisamente mis archivos encontré un tema escrito sobre el orden. Me pareció interesante y muy bueno para recordar; en resumen dice que hablar del orden en estos tiempos parece de muy poca importancia para las personas. Tener orden no es cosa de poca o menor importancia, ni tampoco es un asunto pequeño. Es una de las virtudes más preciosas para el buen equilibrio de la vida individual y para la armonía de la vida común.
Todos necesitamos durante toda nuestra vida, tener orden. El orden es un medio de desarrollo, el dominio de sí mismos y en cierto sentido el espíritu de sacrificio, obligándolo a luchar contra el abandono y la negligencia. Es una verdad comprobada por la experiencia, que el orden exterior:
• Hace la vida más agradable.
• Alivia la memoria, permitiendo encontrar sin esfuerzo las cosas en su sitio.
• Facilita la calma, suprimiendo esas causas de enervamiento y fatiga que constituye el desorden.
• Hace ganar tiempo, pues permite obrar con seguridad para encontrar aquello que se necesita.
• Facilita el respeto al bien común y el sentido social, porque nada perjudica tanto la buena armonía y mutua ayuda como el no volver a su lugar los objetos útiles pertenecientes a la comunidad familiar.
El orden asegura también la exactitud, y la exactitud es a la vez una de las formas del orden y la cortesía.

 

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