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DESPIERTEN QUERIDOS ALUMNOS

Estamos ingresando a la segunda mitad del año escolar, al mismo tiempo estás por culminar un grado más de tus estudios. Mi querido alumno, mi querida alumna, despierta, motívate y culmina con dignidad tu año escolar. Para nosotros tus profesores que hemos vivido otras épocas en nuestra adolescencia, probablemente nos parecerá muy sencillo que aceptes el reto de ese despertar; sin embargo también comprendemos que hay

MAESTRO…ANÉCDOTA DE UNA CANCIÓN

Maestro  El año 1985, me desempeñaba como asesor de matemática del Colegio César Vallejo de  la Victoria en Lima-Perú, del cual soy fundador, en aquel entonces escuché por primera vez la canción titulada “maestro”  interpretada por un alumno en la actuación por el día del maestro y quedé maravillado de la melodía y  el contenido  de la canción. Ese mismo día    le pedí al alumno que me proporcionara

EL DÍA QUE CONOCÍ AL POETA CÉSAR VALLEJO

Cada vez que leo “Los pasos lejanos”, poema de César Vallejo, recuerdo y vivo mi niñez como si fuera ayer. Es que no puedo olvidar la relación que pude encontrar entre un pasaje de mi vida infantil con el contenido de dicho poema. Resulta que cuando aún no conocía nada sobre Vallejo,  un cierto día partió mi hermano mayor de la ciudad de Huaraz rumbo

¡NO TE METAS EN MI VIDA!

Cuando escribía un Boletín más de “Puente Cultural”, me llegó el correo de una distinguida  madre de familia, preciso para poder publicarlo en la presente edición. El título es impactante, pero más impactante aún, es cuando esa expresión tosca y pedante sale de los labios de un hijo dirigido a su padre o madre. Siempre he dicho que a partir de la adolescencia, los  hijos se

EL ABRAZO SALVADOR DE VIDAS

Siempre he manifestado que el contacto físico entre dos personas transmite energía positiva. Uno de esos contactos físicos es el abrazo. Todos hemos crecido con la energía de los abrazos de nuestros padres y familiares cercanos cuando éramos niños; podría afirmar que esos abrazos fundamentalmente de papá y mamá fueron indispensables para nuestra vida. Cuando se encuentran dos personas que se aman después de un

EL DIA DE LA BANDERA DEL PERÚ

El 7 de junio de cada año celebramos en Perú el día de la bandera recordando la inmolación de un grupo de valientes peruanos en el Morro de Arica durante la Guerra del Pacífico en el año 1880.

Francisco Bolognesi junto a 15 oficiales -José Joaquín Inclán, Alfonso Ugarte, Juan Moore, Roque Sáenz Peña de nacionalidad argentina, entre otros- al mando de 1600 hombres, representan el orgullo de un país por el que sacrificaron sus vidas y por lo
que debemos honrarlos con respeto y gratitud. Es probable que pocos adolescentes sepan que francisco Bolognesi defendió la patria con su vida a los 64 años de edad. Es loable además la actitud que tuvo cuando el Mayor Juan de la Cruz Salvo le pide la rendición por encargo del comando chileno y Bolognesi le responde: “tengo deberes sagrados y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”; sin embargo, le advirtió que su respuesta era personal y que debía consultar a sus jóvenes oficiales quienes uno por uno contestaron por orden de graduación. Ni una voz discrepante se alzó. Los oficiales defensores de Arica dijeron: “cuando menos sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón”…Qué ejemplo tan noble para todos los peruanos de hoy.

Al recordar este acontecimiento patriótico de hace 131 años, invoco a todos los jóvenes estudiantes peruanos a rendir un sincero homenaje a estos valientes soldados y ciudadanos que ofrendaron su vida en defensa de nuestra soberanía nacional.

Aprendamos de estos hombres para defender y respetar hoy en día nuestra bandera bicolor. No tengamos vergüenza de entonar con entusiasmo nuestro himno nacional, y cantemos con orgullo la marcha de bandera mientras inicia su ascenso glorioso flameando libremente hasta llegar a lo más alto del mástil en su izamiento respectivo.

Este 7 de junio digámosle a Francisco Bolognesi, en silencio y desde muy dentro de nuestro corazón con las palabras  de la maestra y poeta Maritza Valle: “Tu valiente sangre derramada ha quedado por la eternidad, en la bandera  impregnada y en el alma de la peruanidad”.

Y a nuestra bandera digámosle juntos con las palabras del poeta Heriberto Tejo: ¡Qué bonita es mi bandera, la bandera de mi patria, la bandera del Perú! ¡Más bonita aún sería, si viviendo como hermanos, en el pecho la lleváramos por el norte y por el sur!

SOY UNA MUCHANCHINA

En el año 2007, los alumnos del 3ro de secundaria del colegio Libertador San Martín de San Borja-Lima- Perú,

publicaron su periódico mural en el día del maestro y me invitaron
especialmente a dar el visto bueno de su trabajo. Fue para mí una sorpresa muy
agradable al encontrar un artículo titulado “Soy una muchanchina”, haciendo
alusión a la expresión que con cariño siempre he usado para nombrarlos a ellos
en su conjunto, ya que al ingresar al aula a menudo les decía: ¡Buenos días mis
queridos muchanchines”. María Cristina Salgado, una alumna destacada y
desenvuelta, a quien siempre consideré como una alumna y amiga, es la autora del
artículo que viene a continuación, y que luego de 4 años decidí finalmente publicarlo.

Al margen de las expresiones de halago a mi persona, motivo por el cual lo mantuve en reserva, notarán ustedes la capacidad de una buena redacción de una señorita que en ese momento era una adolescente inquieta y traviesa del 3ro de secundaria. Gracias Mac por este lindo y bello recuerdo que cada vez que puedo leerlo, me traslado imaginariamente a todo ese grupo humano de tu promoción, inquietos y movidos pero que finalmente pudiste conducirlos sin romper la unidad ejemplar gracias a tu liderazgo.

SOY UNA MUCHANCHINA

Por Mc Salgado.

Desde que llegué acá, hace 9 años, descubrí que no me gustaba el colegio. No me gustaban los horarios, ni que me digan a qué hora debía comer y a qué hora ir al baño. No me entraba en la cabeza cómo podían reorganizar  mi vida a su gusto, y cómo aún así, se suponía que debería de disfrutar el colegio.

No me gustaban, por consiguiente, las asignaturas, y nunca discriminé: Odiaba a todas por igual, sea historia, matemática, ciencias naturales o geografía. (claro que al entrar en secundaria, educación física ocupó un lugar  muy importante en mi corazón).

Pero volvamos al pasado “primarioso”: Las mañanas del 97 y 98 eran luchas interminables con tal de no ir al colegio, donde me podía sujetar de las rejas de mi casa o intentaba que me de gripe crónica. (cosa que nunca existió, y que hasta ahora intento  inventar). El tiempo pasó, como muchas otras cosas, y poco a poco comencé a entender cuál era el fin de todos esos horarios
(que hasta el día de hoy me incomodan), y cuál era el propósito de una subdirección con dos suspensiones.

Llegó la secundaria, casi sin darme cuenta. Y aunque cambiaron menos cosas de las que esperaba (pensaba que maduraríamos…), los profesores que antes veía con extrañeza desde el aula de tercer grado de primaria, estaban, con un poco más de canas (caso contrario, con un poco menos de pelo). Pero hubo un profesor que captó la atención de nuestro salón. Edgar – así pide que lo llamen- llegó a la clase, cantando y saltando. Un ejemplo…yo nunca llegué así a una clase, y muchos de los “muchanchines” de Castillo, que también estudian en mi salón, desconocían esa entrada.

Con zapatos bien lustrados y una camisa impecable, empieza a hacer lo que mejor he visto que él ha podido hacer: Dar una clase. “Buenos días muchanchines”, dice con energía, y una oleada de alumnos semidormidos por el frío invernal se levantan, como una ola humana. Edgar pide que nos sentemos, y todos lo hacemos. “Mi querida Zoilita me habrá traído mi atún?” dice en tono de juego, y el acento dictatorial innecesario que podríamos estar esperando, parece ser algo inalcanzable y absurdo, producto de nuestro amigo Edgar. Hay gritos en su clase, pero solo mínimos y necesarios. No hay anotaciones, ni insultos. Edgar Castillo, aliado de la perseverancia y de la dinámica, ha venido con un amigo hoy: Un elefante. Saber que pasará en sus clases es casi tan impredecible como saber con qué canción nos saboteará la concentración en un examen –es broma profe, nos gustan sus canciones-. Edgar Castillo sabe lo que hace, y aunque parezca este escrito un halago en búsqueda de una nota, no hay nada más alejado. Edgar nos ofrece, diariamente, un profesor, un maestro, un amigo, un sabio, un niño, alguien que se tomará una foto si encuentra una cámara en su carpeta y te pedirá, después de posar para el flash, que la guardes, alguien que como sabe poner en orden a 35 muchanchines, y alguien que sabe reírse a carcajada suelta cuando le pida un minuto al profesor de la siguiente hora. Pero Edgar no sólo sabe de matemática…,más de una vez nos cuenta trozos de su vida, de todas sus facetas, nos cuenta del dolor que hay afuera, en el mundo en la calle, en las guerras, nos enseña qué tenedor  usar si es que nos lleva a la Rosa Náutica, nos cuenta del ingenio peruano, anécdotas familiares, de su vida fuera de Lima, de su juventud, de sus inventos y experiencias, y a veces, para identificarse con la juventud de hormonas revueltas, también nos cuenta de la vecina “power” o
“fuerte”. Mil cosas distintas, de mil temas distintos, en una sola clase. Tengo la suerte y el privilegio de poder escribir esto en una computadora, y mientras escribo esto, desde mi casa (aún mas suerte) Alonso me habla desde el Messenger, y le digo ¿Sangre, qué piensas de Castillo?, y aunque no me guste hablar de terceros con otras personas (y no lo suelo hacer) la respuesta que me da Alonso es la misma que esperaba, y el mismo mensaje que intento dar yo; Alonso (U) mi vida dice: “Pucha, creo que es chévere, y sabe llevar la clase, osea que no es aburrido, además que se lleva bien con todos…a veces fastidia, pero es para ayudarnos, le interesa que aprendamos su curso y nos apoya cuando necesitamos algo, a veces se cierra en su posición, pero sólo eso”. Mis dudas son disipadas, y llego a la conclusión de que no soy la única persona que disfruta de ser un muchanchín del genial Edgar.

LA PUNTUALIDAD ES UNA DECISIÓN PERSONAL

Muchas veces hemos escuchado decir sobre un probable encuentro o cita: ¿hora peruana o inglesa? Entendiendo por cierto que hora inglesa es hora puntual y hora peruana es sinónimo de tardanza. Si nos ponemos a pensar sobre estas dos expresiones, nos daremos cuenta que nosotros los peruanos ya perdimos la vergüenza y nos autocalificamos de impuntuales. Siempre se ha intentado rectificar este error, pero hasta la fecha, muchos mantienen ese mal hábito, la misma que tiene y tendrá infinitas justificaciones, porque para ello somos muy ingeniosos. Sería interesante que a nivel de gobierno se propicie “con el ejemplo”, la práctica de la puntualidad, seguida necesariamente por las instituciones educativas en las que debe desaparecer por completo los minutos de tolerancia, porque precisamente la tolerancia propicia la impuntualidad; pero la puntualidad se predica con el ejemplo, la puntualidad es una decisión personal; y creo que ya es tiempo de recuperar ese valor tan importante que dicho sea de paso está relacionado con el respeto, porque llegar puntual al centro de trabajo es respetar a la empresa o institución donde se labora, llegar puntual a las clases es respetar a sus maestros y a sus propios compañeros, llegar puntual a una cita es respetar a la persona citada.

Digo que la puntualidad es una decisión personal porque vean ustedes la experiencia que tuve en un curso para profesores en la universidad de San Marcos donde las clases se iniciaban a las 6 pm y finalizaban a las 10 pm:

El primer módulo en el que participábamos 50 profesores estuvimos presentes a la hora de inicio el 100%, los siguientes días iniciábamos el curso casi con el 50% de asistentes, el resto iba llegando cada día y cada vez más tarde. No era sorpresa que ciertos días comenzaba la clase con 8 participantes y habían profesores alumnos que llegaban a las 7, 8 ó 9 de la noche. Sólo eran puntuales el día del examen.

El siguiente módulo lo tuvimos con otro profesor, quien a las 6 en punto nos encontró a un grupo reducido, y sin decir palabra alguna se sentó y esperó pacientemente y en silencio hasta aproximadamente las 8:30. Recién, al ver el aula completa se paró y nos dijo que a partir del día siguiente nadie ingresará al aula después que El. Inmediatamente comenzaron los reclamos y como siempre se escuchaba diversos tipos de justificaciones. El profesor volvió a decir: nadie ingresará después que yo haya entrado al aula. Al día siguiente antes de las 6 pm el aula estaba llena, parecía increíble, y así continuamos hasta finalizar el segundo módulo.

Al inicio del tercer módulo todos estábamos presentes; parecía que el anterior profesor nos había transformado. Esta vez nos tocó una profesora quien no cerró la puerta como lo hacía el profesor del segundo módulo. De pronto aparece merodeando temerosamente en el exterior una profesora alumna que se había retrasado; entonces la nueva profesora le pregunta si pertenecía a la clase, y ella le responde que sí. Aquí vino la intervención desastrosa de nuestra flamante profesora quien rompió todos los esquemas de la puntualidad: le dijo, adelante; y luego dirigiéndose a nosotros nos dijo: “si alguien por x motivos llegara tarde puede ingresar, pero en silencio porque a mí no me gusta que interrumpan mi clase”(¿????).

Al día siguiente volvimos a nuestra realidad, eran las 6 de la tarde y esperábamos a nuestra insigne profesora sólo un grupo de 12 personas, los demás siguieron llegando tarde como estaban acostumbrados, pero ingresaban en puntitas para no interrumpir la clase de quien rompió la autoridad que muchas veces lo necesitamos.