EL PERÚ CAMPEÓN MUNDIAL DE LA INFORMALIDAD
El Perú ha sido y sigue siendo un verdadero campeón mundial de la informalidad. Todo, absolutamente todo es informal en nuestro país a consecuencia del bajo nivel educativo y cultural, de la viveza criolla de la mayoría de sus habitantes y la incapacidad total de los políticos y gobernantes peruanos, sean de derecha, centro o izquierda. Ninguno se salva.
La informalidad es un cáncer que carcome los cimientos de nuestra sociedad peruana, una madeja compleja cuyo origen no se encuentra en un solo hilo, sino en una trama de factores interconectados.
Comienza, lamentablemente, en la raíz misma de nuestra interacción ciudadana, con esa «viveza criolla» mal entendida que se convierte en una licencia para evadir normas y responsabilidades. Desde el pequeño comerciante que no formaliza su negocio para no pagar impuestos, hasta el conductor que se estaciona en donde le dé la gana o ignora las señales de tránsito, se construye un tejido de incumplimiento que se normaliza y se replica. Esta mentalidad, que busca el atajo y la ventaja personal inmediata, es un caldo de cultivo para que la informalidad se arraigue y prospere en cada esquina de nuestro día a día. Creo que a nadie le importa la informalidad que vivimos en el Perú, ya se hizo común, ya se normalizó en nuestra sociedad.
Pero la responsabilidad no recae únicamente en el ciudadano de a pie. La cadena de la informalidad asciende, dolorosamente, hasta los más altos estamentos del Estado. Observamos con frustración cómo nuestros organismos, desde el Congreso hasta el Poder Ejecutivo, a menudo promulgan leyes y decretos sin el debido sustento técnico, sin estudios de impacto rigurosos, y sin una visión clara de su aplicación y fiscalización. El ejemplo de la ley para los chalecos de motociclistas es un eco doloroso de esta realidad: una medida bienintencionada en su superficie, pero condenada al fracaso por la falta de un diseño integral y una implementación efectiva. Otro ejemplo es de las papeletas que se les impone a los conductores por infracciones de todo tipo, pero estos sencillamente nunca lo pagan y no pasa nada; hasta cuando ocurra un accidente mortal y recién se dan cuenta que tienen papeletas acumuladas por decenas de miles de Nuevos Soles.
Esta ineficiencia del aparato estatal no solo perpetúa la informalidad, sino que la legitima. Si las normas se dictan a la ligera y no se hacen cumplir, ¿qué incentivo tiene el ciudadano para respetarlas? La reciente situación con el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez es un testimonio elocuente de esta desconexión. Anunciado como un hito de modernidad y eficiencia, los errores en su diseño y ejecución han llevado a la inverosímil idea de tener que considerar la reapertura del antiguo aeropuerto, una infraestructura ya dada de baja. Esto no es solo una falla logística; es un símbolo de una cultura de planificación deficiente y de una incapacidad para asegurar que los proyectos de envergadura se realicen con la seriedad y el profesionalismo que el país merece.
¿Cuál es el origen de la informalidad en nuestro querido Perú?
Es multifactorial y complejo, pero puedo identificar algunos pilares fundamentales:
- Baja calidad institucional: La debilidad de las instituciones, la corrupción, la burocracia excesiva y la falta de capacidad para fiscalizar y sancionar el incumplimiento, crean un ambiente propicio para la informalidad.
- Altos costos de formalización: Los trámites burocráticos engorrosos, la carga tributaria percibida como excesiva y la falta de incentivos para formalizarse, disuaden a muchos emprendedores y pequeños negocios.
- Baja productividad y educación: Un alto porcentaje de la fuerza laboral informal tiene bajos niveles de educación y capacitación, lo que limita su acceso a empleos formales y mejor remunerados.
- Falta de acceso a servicios financieros: La informalidad dificulta el acceso al crédito y otros servicios financieros, lo que limita el crecimiento y la inversión en los negocios.
- Cultura de la viveza criolla y falta de cultura cívica: Como ya mencioné líneas arriba, una parte de la informalidad se alimenta de una mentalidad mediocre que prioriza el beneficio individual inmediato sobre el cumplimiento de las normas y el bien común.
- Políticas públicas deficientes y erráticas: La ausencia de políticas públicas integrales y sostenibles para promover la formalización, y la promulgación de leyes sin el debido estudio y planificación, contribuyen a la persistencia del problema. Todo esto a consecuencia de tener autoridades incompetentes y corruptas como es el caso de los congresistas y ministros sirvientes de una presidente cínica y mentirosa que ya nada le importa a estas alturas de su gobierno. “POBRE MI PERÚ”
En resumen, la informalidad en el Perú es un círculo vicioso donde la viveza ciudadana se encuentra con la ineficiencia estatal, creando un caldo de cultivo para el incumplimiento y el estancamiento. Romper este ciclo requiere un cambio profundo en la mentalidad de todos los actores y un compromiso real de nuestras futuras autoridades, para construir un país con instituciones sólidas, leyes claras y aplicables, y una cultura de respeto por la norma y el bien común. Solo así podremos aspirar a un desarrollo sostenible y equitativo para todos los peruanos.

Izquierda: Así se entregó la obra. Derecha: Así se ofreció entregar.
