ESCUCHEMOS EL SONIDO DEL SILENCIO

En mi Boletín número 34 de Marzo del 2010, publiqué un artículo titulado “La Silencio_filtered_minicultura del silencio”, donde menciono que los estudiantes de hoy no tienen la menor idea sobre el significado del silencio; del mismo modo en dicho artículo escribí que oír y escuchar son dos cosas totalmente diferentes. Escuchar o saber escuchar significa voluntad y compromiso para comprender lo que nos dicen o lo que nos enseñan; oír sencillamente se refiere a percibir sonidos a través del sistema auditivo. Pues bien, hoy vuelvo a tocar el mismo tema porque se está perdiendo a ritmo acelerado el concepto y la práctica del silencio. Dicen que tardamos no más de dos años para aprender a hablar y demoramos toda una vida en aprender a callar; es decir, a guardar silencio. Durante la enseñanza- aprendizaje los estudiantes tienen que aprender a valorar el silencio como un medio para llegar a escuchar y construir el conocimiento. Los padres de familia deben cultivar junto a sus hijos la cultura del silencio, pues será para ellos una herramienta que les permitirá por toda una vida aprender lo que deben aprender con mayor facilidad.

Jaime Lértora escribió alguna vez en un diario limeño algo muy cierto respecto a este tema. “Son cuatro las principales habilidades comunicativas: leer, escribir, hablar y escuchar. Las escuelas se encargan de las dos primeras, y a las escuelas llegamos dominando el habla, pero ¿en qué momento se nos enseña la habilidad de saber escuchar?” Muy buena pregunta para los padres y maestros.

Hoy en día, cuando veo que los estudiantes no dejan de hablar o murmurar dentro y fuera del aula de clase y no se pueden concentrar ni un segundo por la abundancia de información que acumulan a través de la Internet, (computadoras, celulares), al comenzar el desarrollo de mis clases, tengo que ser muy creativo, más en la secundaria que en la universidad, para centrar a los alumnos y hacer que me escuchen; las palabras “escuchen por favor” o “presten atención” ya no funcionan.  Esbozando una sonrisa en el rostro pero con voz firme les digo por ejemplo: “Mírenme por favor porque me encanta que me miren cuando dicto mi clase”, o esta otra: “Jóvenes, en posición de saque…voy a comenzar con mi clase”, haciendo alusión a la posición que toman las jugadoras de vóley cuando el equipo rival va a sacar la pelota y todas se concentran mirando fijamente a la persona que va a ejecutar el saque.

Queridos padres de familia y profesores, cultivemos juntos la cultura del silencio hasta poder “escuchar el sonido del silencio”, con ello podremos lograr que vuestros hijos, nuestros alumnos mejoren su concentración haciendo que sus aprendizajes sean realmente significativos.

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